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El abogado de empresa ya no puede llegar al final de la decisión

el abogado de empresa necesita ocupar un lugar diferente en la mesa. No al final de la decisión. Al principio.
El abogado de empresa necesita ocupar un lugar diferente en la mesa. No al final de la decisión. Al principio. Foto: Cortesía ANADE.

Alta Dirección Jurídica | Boletín de análisis empresarial


Durante mucho tiempo, el abogado de empresa ocupó un lugar muy específico dentro de las organizaciones: aparecía cuando la decisión ya estaba prácticamente tomada.

Revisaba el contrato. Identificaba riesgos. Corregía documentos. Advertía lo que no podía hacerse. Era, en buena medida, el guardián del “no”. Ese modelo funcionó durante años. Pero el entorno empresarial cambió.


La inteligencia artificial está modificando procesos completos; los mercados son cada vez más dinámicos; la reputación puede convertirse en un activo o en un riesgo en cuestión de horas; y las decisiones empresariales tienen consecuencias jurídicas, financieras, operativas y reputacionales que ya no pueden analizarse por separado.


En este contexto, el abogado de empresa necesita ocupar un lugar diferente en la mesa. No al final de la decisión. Al principio.


La ceremonia contó con la presencia de José Ángel Santiago Ábrego, Presidente de la ANADE; Enrique Hernández Villegas, Coordinador del Diplomado; Axel Pérez Gama, Vicecoordinador del Diplomado; y Víctor Villafranca Moncayo, Coordinador General de Diplomados ANADE.
La tecnología puede acelerar el análisis. Pero La responsabilidad de decidir sigue siendo humana. Foto: Cortesía ANADE.

Del riesgo a la creación de valor

Ésta fue una de las ideas centrales planteadas por Luis Hernández Martínez, fundador de Alta Dirección Jurídica y colaborador de la revista Forbes México, durante su participación en la ceremonia de cierre y entrega de diplomas de la cuarta edición del Diplomado en Derecho de los Negocios, realizada el pasado 6 de agosto en The American School Foundation.


La ceremonia contó con la presencia de José Ángel Santiago Ábrego, Presidente de la ANADE; Enrique Hernández Villegas, Coordinador del Diplomado; Axel Pérez Gama, Vicecoordinador del Diplomado; y Víctor Villafranca Moncayo, Coordinador General de Diplomados ANADE.


El evento organizado por la Asociación Nacional de Abogados de Empresa, Colegio de Abogados (ANADE) permitió plantear una reflexión que trasciende la formación jurídica tradicional:

“Cuando participa al final, corrige. Cuando participa desde el inicio, crea valor.”

Así lo dijo Hernández Martínez. La diferencia parece pequeña, agregó, pero cambia por completo el papel de la función jurídica dentro de una organización.



Un abogado estratégico no se limita a responder si una operación es legal. También pregunta qué consecuencias éticas puede producir.
El conocimiento técnico seguirá siendo indispensable, pero aumentará el valor del criterio: saber qué preguntar, qué riesgos importan realmente, qué información debe considerarse y qué consecuencias pueden derivarse de una decisión.

La nueva obligación del abogado

Un abogado estratégico no se limita a responder si una operación es legal. También pregunta qué consecuencias éticas puede producir:

  • Anticipa escenarios.

  • Identifica riesgos.

  • Evalúa alternativas.

  • Comprende el modelo de negocio.

  • Observa las implicaciones reputacionales.

  • Y participa en la construcción de la decisión.


Porque una decisión empresarial rara vez es solamente jurídica. Puede ser simultáneamente financiera, tecnológica, laboral, fiscal, reputacional, operativa y ética. Por eso, la función jurídica necesita comprender cada vez mejor el negocio al que sirve.


La pregunta que cambia la conversación

A decir de Hernández Martínez, el abogado tradicional suele recibir una decisión y preguntar: ¿Es legal? El abogado estratégico necesita participar antes y ayudar a formular preguntas diferentes:

  • ¿Qué estamos tratando de conseguir?

  • ¿Qué escenarios tenemos?

  • ¿Qué riesgos estamos dispuestos a asumir?

  • ¿Qué consecuencias puede producir cada alternativa?

  • ¿Qué impacto tendrá sobre nuestros clientes, colaboradores, inversionistas y reputación?

  • ¿Podremos sostener esta decisión cuando cambien las circunstancias?


La función jurídica deja así de ser exclusivamente reactiva. Se convierte en parte de la arquitectura de la decisión.


Una transformación que apenas comienza

La inteligencia artificial hará todavía más evidente esta transformación. Si una herramienta puede revisar miles de documentos, identificar cláusulas, comparar regulaciones o producir un primer análisis en segundos, el valor profesional del abogado no desaparecerá. Cambiará.


El conocimiento técnico seguirá siendo indispensable, pero aumentará el valor del criterio: saber qué preguntar, qué riesgos importan realmente, qué información debe considerarse y qué consecuencias pueden derivarse de una decisión.


La tecnología puede acelerar el análisis. Pero La responsabilidad de decidir sigue siendo humana. Por eso, el abogado que quiera participar en la alta dirección tendrá que desarrollar capacidades que van más allá del conocimiento estrictamente jurídico: estrategia, gobierno corporativo, gestión de riesgos, ética, tecnología, negociación y comprensión del negocio.


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El abogado de empresa llegará antes

A decir de Luis Hernández, la transformación de la profesión puede resumirse en una idea:

“El abogado del futuro no llegará al final de la decisión. Llegará al principio.”

No significa abandonar la función de protección jurídica. Significa llevarla mucho más lejos. El verdadero valor de la asesoría jurídica no consiste solamente en evitar que una empresa haga algo que no debe hacer. También consiste en ayudarla a encontrar la mejor manera de hacer aquello que necesita hacer.


Ésa es la diferencia entre un abogado que administra riesgos y un abogado que participa en la creación de valor.


En Alta Dirección Jurídica entendemos el derecho como una herramienta para la toma de decisiones estratégicas. Nuestra visión parte de una premisa: la función jurídica puede y debe participar en la construcción del futuro de las organizaciones, no únicamente en la corrección de sus decisiones pasadas.

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