Galileo y la alta dirección: la ciencia auténtica como estrategia de capacitación organizacional
- Alta Dirección Jurídica

- 26 ago 2025
- 5 Min. de lectura

Por Luis Hernández Martínez*
Polímata en cumplimiento estratégico, ética corporativa, liderazgo regulatorio e investigaciones periodísticas especializadas en empresas y negocios (también un ignorante razonable en otras disciplinas).
En 1615, Galileo Galilei escribió su célebre “Carta a la Gran Duquesa Cristina”. Allí defendió que la investigación auténtica debía basarse en la “observación empírica”, la “experiencia sensible” y la “demostración racional”, y no en dogmas ni en meras autoridades (Galilei, 1994). Aunque el contexto era el conflicto entre ciencia y teología, hoy sus principios son aplicables a la dirección empresarial: un recordatorio de que liderar implica observar, aprender y transformar.
Desde la perspectiva de la antropología filosófica, tales principios revelan que la ciencia no es sólo un método, sino una “forma de ser humano”: un ejercicio de razón, humildad y apertura a la verdad. Precisamente dichas virtudes son las que la alta dirección debe cultivar al capacitar a su organización.
Del telescopio al dashboard
Galileo se atrevió a mirar a través del telescopio, incluso cuando las autoridades de su tiempo rechazaban la evidencia. Para los directivos, esta lección se traduce en un imperativo: no dirigir con dogmas empresariales obsoletos, sino con base en datos reales y diagnósticos actuales.
La capacitación en alfabetización de datos y pensamiento crítico no es un lujo, sino una necesidad estratégica. Como señala Morin (2001), sin capacidad de leer la complejidad del entorno, ninguna organización puede anticiparse al futuro. Capacitar a los equipos en la observación rigurosa fortalece, además, lo que la antropología filosófica reconoce como el núcleo de la persona: su dimensión racional, capaz de interpretar el mundo y actuar con sentido.
Galileo sostenía que, si la experiencia contradice la teoría, lo que debe cambiar es la teoría, no la realidad (Galilei, 1994). Esta actitud científica se convierte en principio de gestión: equivocarse no es fracasar, sino aprender.
La alta dirección debe fomentar programas de capacitación donde los equipos ensayen proyectos piloto, documenten aprendizajes y conviertan los errores en capital intelectual. Nonaka y Takeuchi (1999) recuerdan que el conocimiento organizacional surge precisamente en esa dinámica de prueba y corrección. En clave antropológica, se trata de reconocer al ser humano como un ser inacabado que aprende en el encuentro con lo real.
La mayor lección de Galileo fue su humildad frente a la verdad: la ciencia no avanza con soberbia, sino con apertura a la evidencia. En la gestión empresarial, esto se traduce en liderazgos que escuchan y promueven el aprendizaje continuo.
La capacitación en escucha activa, debate colaborativo y diálogo horizontal no sólo mejora los procesos internos, sino que consolida una cultura organizacional basada en confianza. Senge (2010) advierte que las organizaciones abiertas al aprendizaje son las únicas que logran adaptarse a los cambios sostenibles. La antropología filosófica refuerza este principio al afirmar que la dignidad humana florece en el diálogo y en la capacidad de transformación.
Capacitación como obligación ética y estratégica
Capacitar no es un gasto; es una obligación ética y estratégica de la alta dirección. Invertir en formación reconoce que los colaboradores son, ante todo, seres de logos: racionales, creativos y capaces de transformar su entorno (Kuhn, 2012).
En este sentido, una organización que aprende no sólo compite mejor: también honra la condición humana de sus integrantes. La empresa se convierte así en un laboratorio donde lo humano y lo productivo se potencian mutuamente.
La falta de capacitación no es un problema de solución técnica, sino un asunto estratégico de liderazgo transformacional (por citar un tipo). Será muy fácil verificar mi dicho con la impresionante cantidad de casos de corrupción publicitados (la mayoría de ellos, originados por el indebido control de la alta dirección). O en libros: ahí está el infierno corporativo que vivieron las compañías que mencioné en “Los 7 Pecados Capitales de las Empresas” (Hernández, 2000).
Socio estratégico en capacitación
En este contexto, los directivos y empresarios necesitan un aliado confiable en el área de capacitación. Esa es, precisamente, mi propuesta: convertirme en socio estratégico para ayudar a diseñar programas de formación que traduzcan los principios galileanos en prácticas empresariales concretas.
¿Por qué contratarme? Porque aporto tres ventajas diferenciales:
1. Visión antropológica-filosófica: mi enfoque reconoce que capacitar no es sólo transmitir técnicas, sino desarrollar personas con pensamiento crítico, capacidad de diálogo y resiliencia.
2. Puente entre teoría y práctica: traduzco principios filosóficos y científicos en estrategias de formación aplicables a equipos directivos y operativos.
3. Valor estratégico: al integrar capacitación con cultura organizacional, ayudo a que las empresas no sólo enfrenten cambios, sino que los anticipen y lideren.
Así como Galileo mostró que la verdad surge de la observación y el razonamiento, mi propuesta es acompañar a las empresas para que su gente aprenda a mirar, a cuestionar y a descubrir nuevas posibilidades. Esa es la clave para sostener la competitividad en un mundo cambiante.
Conclusión
Galileo no fue un Chief Executive Officer (CEO), pero sus ideas sobre la investigación auténtica son una brújula para los líderes actuales. Observar la realidad, experimentar con rigor y practicar la humildad intelectual son virtudes tanto de la ciencia como del liderazgo. La alta dirección tiene, por tanto, una misión doble: dirigir y capacitar.
Como recordó Morin (2001), “una educación pertinente debe enseñar la condición humana”. Y ese es, en última instancia, el sentido profundo de la capacitación empresarial: formar a las personas para que, como Galileo, aprendan a mirar más allá del dogma y descubran su verdadero potencial.
*El autor es fundador de Alta Dirección Jurídica y Socio del Área de Capacitación de Vission Firm México (miembro de GGI Global Alliance).
PARA CITAR EL PRESENTE ARTÍCULO: Hernández, L. (2025, 26 de agosto). Galileo y la alta dirección: la ciencia auténtica como estrategia de capacitación organizacional [Entrada de blog]. Alta Dirección Jurídica. https://www.altadireccionjuridica.com/post/galileo-y-la-alta-direcci%C3%B3n-la-ciencia-aut%C3%A9ntica-como-estrategia-de-capacitaci%C3%B3n-organizacional
REFERENCIAS:
Galilei, G. (1994). Carta a Cristina de Lorena, gran duquesa de Toscana. Galileo Galilei: escritos copernicanos. Barcelona. Editorial Crítica.
Hernández, Luis. (2000). Los 7 Pecados Capitales de las Empresas. México. Editorial Diana.
Kuhn, T. S. (2012). La estructura de las revoluciones científicas. México. Fondo de Cultura Económica.
Morin, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Barcelona. Paidós.
Nonaka, I., & Takeuchi, H. (1999). La organización creadora de conocimiento. México. Oxford University Press.
Senge, P. (2010). La quinta disciplina: el arte y la práctica de la organización abierta al aprendizaje. Barcelona. Granica.



Velasco Flores Jaqueline (T)
Definitivamente las empresas deben vencer el estancamiento, no se pueden quedar con ideas que ya están establecidas, solo por costumbre, todas deben inovarse y adaptarse a las nuevas necesidades que puedan existir.
Galileo observo y analizo más allá de lo que estaba establecido, gracias a esto logró grandes cosas, debemos ver su ejemplo y mirar más allá del dogma para lograr grandes cosas como futuros administradores, como futuros líderes
Gómez Florencio Yeudith (T)
Este artículo me gustó mucho sobretodo la frase (Invertir en formación reconoce que los colaboradores son, ante todo, seres de logos: racionales, creativos y capaces de transformar su entorno (Kuhn, 2012).) ya que es cierto la capacitación no es un favor que le estás haciendo al trabajador es algo que tienes que hacer si quieres que tú empresa sea innovadora y productiva, Galileo se atrevió a cambiar la perspectiva de su tiempo, con eso nos enseña a soltar los dogmas y sesgos que se pueda tener y actuar con propósito.
Esta comparación me gusta mucho porque es muy real. En muchas oficinas se siguen haciendo cosas "por costumbre", aunque ya no funcionen. Usar a Galileo es una forma genial de decir que hay que "abrir los ojos". Me parece clave lo que dices sobre la humildad: un jefe que se cree sabelotodo es un peligro para la empresa.
Quezada Antonio Jesús (T)
Me llevo de este artículo, acerca de que el éxito de una empresa moderna no depende de seguir reglas antiguas, sino de adoptar una mentalidad como si fuese Galileo. En el que las decisiones se tomen a base de datos reales no de suposiciones, aprender de los errores en lugar de castigarlos. Que la capacitación no se vea como un gasto, sino que sea una estrategia para pensar, cuestionar y adaptarse a un mundo de cambios.
Me parece interesante cómo el texto usa a Galileo para explicar el valor del pensamiento crítico en la alta dirección. Nos hace ver que aprender no es memorizar, sino cuestionar, experimentar y equivocarse. En las organizaciones, capacitar debería ser justo eso: enseñar a pensar, no solo a obedecer procesos. En un mundo que cambia tan rápido, seguir dogmas es quedarse atrás. La ciencia auténtica, como plantea el artículo, se vuelve una herramienta clave para formar líderes más conscientes y adaptables. Emiliano Polo Díaz (T)