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La calidad de las decisiones: el activo estratégico que la inteligencia artificial no puede comprar

El activo que realmente determina si cualquiera de esos recursos genera valor o termina convirtiéndose en una inversión fallida. ¿Cuál es el activo? La calidad de las decisiones.
Contesta una pregunta sorprendentemente sencilla, con honestidad, ¿cuál es el activo más valioso de tu empresa?

Por Luis Hernández Martínez*


Si hoy reunieras en una misma sala a los directores generales de las compañías más importantes del planeta y les formularas una sola pregunta, probablemente obtendrías respuestas muy distintas (variopintas).


Aunque la pregunta a lanzarles sería sorprendentemente sencilla: ¿cuál es el activo más valioso de su empresa?


Hace 30 años la respuesta habría sido evidente: fábricas, maquinaria, reservas petroleras, patentes o capital financiero. Los más conscientes del marketing o de la poesía empresarial contestarían “mis empleados”.


Hace diez años muchos habrían respondido: los datos. Hoy, en plena revolución de la inteligencia artificial (IA), la mayoría hablaría de algoritmos, infraestructura tecnológica, talento digital, tokens o capacidad de procesamiento. ¡Todos tendrían parte de razón!


Pero todos pasarían por alto el activo que realmente determina si cualquiera de esos recursos genera valor o termina convirtiéndose en una inversión fallida. ¿Cuál es el activo? La calidad de las decisiones.


La paradoja es profunda: mientras la inteligencia artificial reduce el costo de obtener respuestas, aumenta exponencialmente el costo de formular las preguntas equivocadas. La inteligencia se está democratizando. Lo que comienza a escasear no es la información. Es el criterio.


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Herbert A. Simon, premio Nobel de Economía, advirtió este fenómeno hace más de medio siglo al afirmar que "una riqueza de información crea una pobreza de atención". Su observación, formulada en 1971, resulta hoy más vigente que nunca. Cuando la información deja de ser escasa, el recurso verdaderamente limitado pasa a ser la capacidad humana para seleccionar, interpretar y priorizar aquello que merece atención.


El problema de los directores ya no consiste en conseguir información. Gira alrededor de distinguir cuál merece convertirse en una decisión estratégica.



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