¿Cómo tomar decisiones éticas en tiempos de crisis?
- Alta Dirección Jurídica

- 20 ene
- 6 min de lectura
Actualizado: 21 feb

Por Luis Hernández Martínez*
Polímata en cumplimiento estratégico, ética corporativa, liderazgo regulatorio e investigaciones periodísticas especializadas en empresas y negocios (también un ignorante razonable, y aprendiz para siempre, de otras disciplinas).
Para las mujeres y los hombres vértice de las organizaciones ya no basta con lograr el crecimiento económico; también es clave asegurar que ese crecimiento tenga como fundamento un actuar moral. Es en tal escenario, justo, donde la filosofía de Tomás de Aquino (inspirada en las ideas de Platón) cobra renovada relevancia.
En los artículos 1 y 2 de su obra De las virtudes cardinales (s. f.-a) y en los artículos 2 - 4 publicados en De veritate, cuestión 17: Sobre la conciencia (s. f.-b), el napolitano formula un marco de virtudes morales (prudencia, justicia, fortaleza, templanza) y un análisis profundo de la conciencia como norma próxima de moralidad.
Con base en lo anterior, vale la pena plantearse como ejemplo prudencial: ¿cuál sería la decisión de una empresa tecnológica (ETich-a) sobre externalizar parte de su producción a un país con menores costos laborales, pero con estándares sociales y medioambientales cuestionables?
Y es que la ética ordena un liderazgo humanista, transformacional (por citar un par de características clave). Además, la empresa posmoderna necesita una capacitación estratégica, encabezada por la C-Suite de la organización: “Será muy fácil verificar mi dicho con la impresionante cantidad de casos de corrupción publicitados (la mayoría de ellos, originados por el indebido control de la alta dirección). O en libros: ahí está el infierno corporativo que vivieron las compañías mencionadas en Los 7 Pecados Capitales de las Empresas” (Hernández, 2025).
Tanto peca el que mata la vaca…
ETich-a, una empresa global de hardware, se enfrenta a una disyuntiva: mantener la manufactura en su país de origen, con altos costos laborales y menor margen, o abrir una planta en un país emergente para reducir sus gastos en 30% y aumentar el ritmo económico de su mercado en 50%. Sin embargo, el país emergente tiene una regulación ambiental débil, jornadas largas de trabajo, salarios que apenas superan el mínimo legal, jueces a modo electos por voto popular y riesgos de explotación infantil indirecta.
La C-Suite completa debe tener muy claros sus principios y valores, pues resultan fundamentales para llevar a cabo una deliberación (y posterior toma de decisión) ética: ¿proceder con la externalización y asumir los riesgos reputacionales? ¿Cancelar la idea en favor de mantener la producción nacional (aceptando menor competitividad)? ¿O buscar una tercera vía híbrida?
A continuación, Tomás de Aquino y sus conceptos aparecen como una brújula para la deliberación ética:

1. Las virtudes cardinales como eje de la deliberación moral. Aquino explica que cardinal proviene del vocablo “cardo, en el cual gira la puerta de entrada sobre sí misma, según aquello de Proverbios 26, 14: ‘Así como la puerta gira sobre su quicio, así el perezoso sobre su lecho’; sobre ellas (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) gira la vida moral” (Tomás de Aquino, s. f.-a, p. 136).
Prudencia: debido a tal virtud, “la razón sabe prever bien” (Tomás de Aquino, s. f.-a, p. 137); le “compete aquello que es lo principal en el conocimiento que dirige; y por esta parte se coloca la prudencia como la virtud cardinal” (p. 137). En el caso de ETich-a, la prudencia exige un conocimiento pleno del entorno: los costos reales de la externalización, los efectos sobre trabajadores locales, el impacto ambiental, la reputación corporativa. Los directivos deben deliberar con buen consejo, buen juicio y resolución (eubulia, sinesis y gnomen, los tres mosqueteros del proceso de la razón práctica; la antesala de la acción prudente).
Justicia: se relaciona con la voluntad y la relación con otros. Aquino afirma que “la justicia por esta parte se coloca como virtud principal, por la cual el hombre debidamente se ajusta y se adecúa a otros, con los cuales tiene comunicación” (Tomás de Aquino, s. f.-a, p. 138). Para ETich-a significa que la empresa no sólo debe cuidar sus márgenes, sino que debe actuar con equidad hacia los trabajadores, la comunidad local, los proveedores y el medio ambiente (todos los grupos de interés, vaya).
Fortaleza: virtud cardinal “por la cual el hombre se domina intrépidamente en los peligros de muerte” (Tomás de Aquino, s. f.-a, p. 138). En el ámbito directivo esto significa que, en vez de huir ante posibles pérdidas, la empresa debe tener el coraje de mantener estándares cuando son exigidos moralmente, incluso si eso implica sacrificio económico.
Templanza: la “moderación o refrenamiento, sin embargo, tiene mérito y razón de bien ahí donde principalmente rechaza la pasión, a la cual la razón debe refrenar” (Tomás de Aquino, s. f.-a, p. 138). En el contexto corporativo: moderar el deseo inmediato de beneficio sin límites, frenando la codicia que puede llevar a decisiones irresponsables.
Tiene todo el sentido recordar que tales virtudes no operan aisladas. Tomás de Aquino destaca que “son conexas entre sí” (Tomás de Aquino, s. f.-a, p. 138). En el ejercicio directivo de ETich-a, la prudencia guía, pero sin las virtudes cardinales de la justicia, templanza y fortaleza, la decisión pierde coherencia moral. Bien apuntala el napolitano: “Las virtudes en sí mismas perfectas existen al mismo tiempo con la caridad, pues estas virtudes hacen el acto del hombre en sí mismo bueno, como si alcanzaran hasta el último fin” (Tomás de Aquino, s. f.-a, p. 140).
2. Conciencia como norma próxima de moralidad. En De veritate, Cuestión 17: Sobre la conciencia (s. f.-b), Aquino explica la conciencia como “la aplicación del conocimiento a una acción concreta” (p. 301), su naturaleza, su capacidad de error y su fuerza obligante. Aquí, dos ideas clave que las mujeres y los hombres vértice de las organizaciones pueden aprender del napolitano:
La conciencia puede equivocarse. “El error sucede en la conciencia debido a un error en la parte superior de la razón. Pero el error también puede suceder en la conciencia debido a un error en la parte inferior de la razón” (Tomás de Aquino, s. f.-b, p. 302). El napolitano señala que “el error puede provenir de premisas falsas o de razonamiento incorrecto” (p. 301). Para ETich-a esto significa que, si los directivos obvian que la externalización violará derechos laborales sin haber investigado, su conciencia puede ordenarles a que procedan con la estrategia, pero partirían de una base errónea.
La conciencia (correcta o errónea) obliga. “Debemos tener en cuenta que obligar, tomado en sentido metafórico y aplicado a lo espiritual, significa que impone necesidad” (Tomás de Aquino, s. f.-b, p. 303). Aunque el juicio sea erróneo, mientras la persona actúe según lo que cree correcto, incurre en responsabilidad moral si actúa contra su conciencia. En el caso de ETich-a, si un directivo cree que externalizar parte de la operación es moralmente correcto, y actúa en consecuencia, pero luego se prueba que hubo explotación laboral, su alegato de “yo creía” no le quita responsabilidad (p. 307).
En otras palabras, la ejecución de cualquier estrategia debe tener como piedra de toque una acción directiva que juzgue de manera correcta a partir de principios morales que guíen a la alta dirección hacia el bien. Una deliberación ética no puede dejar la conciencia al azar: debe asegurar que esté bien formada, con conocimiento de principios, análisis sistémico y vinculación con las virtudes cardinales.
El saber prudencial de la alta dirección
Con base en los postulados de Tomás de Aquino, propongo una guía que las mujeres y hombres vértice de las organizaciones pueden utilizar para la deliberación directiva. Claro, para acceder a ella necesitas tomar el taller llamado "Toma de Decisiones Éticas en la Era de la Inteligencia Artificial". Escríbeme para más información (consultanos@altadireccionjuridica.com).
No hay duda, la filosofía de Aquino ofrece a la alta dirección algo más que una teoría moral abstracta: provee un mapa pragmático para decisiones que combinan eficacia y ética. Cuando los líderes de empresa dirigen sus organizaciones con prudencia, justicia, fortaleza y templanza, y cuando actúan con una conciencia bien formada, crean no sólo valor financiero, también valor humano.
En el mundo actual (donde la ventana de reputación es más corta y la exigencia ética más elevada), aplicar a la estrategia corporativa los principios de Tomás de Aquino no es una opción; es un deber directivo. Así, las estrategias de la alta dirección dejarán de ser dilemas meramente económicos y se convertirán en actos de responsabilidad moral que girarán sobre el quicio de las virtudes cardinales (bien aceitado con la caridad).
* El autor es fundador de Alta Dirección Jurídica y Socio del Área de Capacitación de Vission Firm México (miembro de GGI Global Alliance).
PARA CITAR EL PRESENTE ARTÍCULO: Hernández, L. (2026, 20 de enero). ¿Cómo tomar decisiones éticas en tiempos de crisis? [Entrada de blog]. Alta Dirección Jurídica. https://www.altadireccionjuridica.com/post/cómo-tomar-decisiones-éticas-en-tiempos-de-crisis
REFERENCIAS:
Hernández, L. (2025). La contabilidad del cambio: cómo las mentes creativas lideran la destrucción creativa en los negocios [Entrada de blog. Recuperado el 11 de noviembre, 2025]. Alta Dirección Jurídica. https://www.altadireccionjuridica.com/post/la-contabilidad-del-cambio-cómo-las-mentes-innovadoras-lideran-la-destrucción-creativa-en-los-negoc
Tomás de Aquino. (s. f.-a). De las virtudes cardinales [Archivo PDF]. Material de lectura del curso “Ética” de la Especialidad en Antropología Filosófica, Universidad Panamericana.
Tomás de Aquino. (s. f.-b). De veritate, cuestión 17: Sobre la conciencia [Archivo PDF]. Material de lectura del curso “Ética” de la Especialidad en Antropología Filosófica, Universidad Panamericana.



He leído el artículo y debo decir que, aunque me pareció muy interesante y profundo, tengo una sensación agridulce porque plantea un dilema ético del mundo real (como el de la empresa tecnológica que debate entre abaratar costos o mantener su producción local) y promete herramientas para abordarlo, pero justo cuando va a revelar la guía práctica que propone, la condiciona a inscribirse en un taller de paga.
Coincido en que la ética es fundamental, pero creo que no debemos verla únicamente como una guía moral abstracta o un freno a la rentabilidad, sino como un activo estratégico indispensable. En un entorno globalizado e hiperconectado, la falta de ética o una mala decisión corporativa no solo dañan la reputación, sino que destruyen el valor financiero y la sostenibilidad operativa de la empresa a largo plazo. Aplicar la prudencia y la conciencia, más que un acto de benevolencia, es una estrategia de gestión de riesgos para garantizar la permanencia del negocio en el mercado.
Me pareció interesante cómo el texto aterriza la filosofía de Tomás de Aquino en decisiones corporativas tan reales como la externalización. Nos recuerda que, en la búsqueda de rentabilidad, la alta dirección no puede actuar a ciegas ni escudarse en el desconocimiento. Una conciencia corporativa mal informada sigue siendo responsable de sus impactos. La ética en los negocios no es intuición, exige preparación y un análisis sistémico profundo.
Me pareció bastante interesante observar como algo como las virtudes cardinales pueden influir incluso en los negocios y en la alta dirección, pero coincido con lo mencionado en el artículo, pues efectivamente la justicia, templanza, fortaleza y prudencia son elementos clave para una empresa porque estas son como un mapa que guía la toma de decisiones y conduce a la organización hacia prácticas laborales éticas y correctas.
El artículo me pareció super porque explica que, en momentos de crisis, las empresas no solo deben pensar en obtener resultados económicos, sino también actuar con responsabilidad y valores éticos. Además, resalta que un buen liderazgo debe tomar decisiones prudentes y humanas, considerando el impacto que pueden tener en las personas y en la sociedad.